Lo que no se ve de Cristina Fernández Cubas ha sido para mi una lectura deslumbrante, tuve la misma sensación que me provoca la contemplación de fuegos artificiales, admiración ante la oscuridad.
Este volumen de relatos de Fernández Cubas explora lo inquietante de nuestras sombras, lo que aparece y regresa cuando menos lo esperamos. Un delicia de nuestra literatura.
FICHA TÉCNICA.
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ArgumentoDos hermanas ya ancianas juegan a representar su película favorita de juventud: una cinta inquietante. Dos adolescentes, compañeras de clase, se descubren crudamente con otra mirada el día de fin de curso. Una mujer evoca, muchos años después, la fiesta en que sus amigos universitarios se atrevieron a invocar al Otro, una tarde que cambió para siempre sus vidas. ¿Puede producirse entre humanos una interacción semejante a la que se da entre algunas plantas…? En una ciudad italiana, a la que ha viajado para acompañar a su pareja, un hombre accede a la zona en obras de la catedral donde recibirá un mandato con consecuencias imprevistas. Una mujer cruza acalorada la calzada atestada de coches y, tras un conato de desvanecimiento, repara en una curiosa tienda nueva en el barrio. Con un magistral uso de la psicología e introduciendo sutiles perturbaciones en la experiencia cotidiana, las historias de Lo que no se ve rozan a menudo lo inexplicable, lo terrorífico, pero también lo no dicho, lo que intuimos y no sabemos expresar, o lo que inesperadamente nos cambia y no olvidaremos ya nunca.
Mi opinión personal
El título avisa de lo que encontraremos en él: todo aquello que se oculta, que se silencia o que se intuye apenas; como miedos infantiles que sobreviven a la edad adulta, secretos familiares que deforman la memoria, percepciones alteradas de la realidad y grietas por las que se cuela lo inexplicable.
No son relatos de terror esperados, son historias que incomodan porque tocan zonas reconocibles, vulnerables, profundamente humanas.
La atmósfera de cada uno de los relatos es sobrecogedora y me hizo sentir algunos escalofríos deliciosos e inolvidables. Adoro como en cada historia sugiere sin explicar más de lo justo y necesario. Sus relatos avanzan con una calma engañosa, hasta que un gesto, una frase, una imagen... altera el equilibrio y deja al descubierto un abismo. El miedo aparece lentamente.
Los cuentos que componen el libro nos presentan personajes aparentemente corrientes, viviendo situaciones cotidianas, pero siempre atravesados por una sensación de extrañeza.
La infancia ocupa un lugar central como espacio de confusión y descubrimiento, donde lo real y lo imaginado aún no han aprendido a separarse. Esa mirada infantil, cargada de preguntas sin respuesta, impregna muchos de los relatos y explica su potencia emocional.
Otro gran tema es la identidad. ¿Quiénes somos cuando nadie nos mira? ¿Hasta qué punto nos construimos a partir de lo que otros esperan de nosotros? Fernández Cubas juega con la idea de la duplicidad, del yo fragmentado, de las vidas que podrían haber sido y no fueron. En varios relatos, los personajes se enfrentan a versiones alternativas de sí mismos o a presencias que actúan como espejos que los deforman.
La escritura es precisa, elegante y gratamente eficaz. No hay excesos innecesarios, cada palabra parece colocada con una intención clara. Esa sobriedad estilística contribuye a intensificar el efecto perturbador de los relatos, que se apoyan más en lo psicológico que en lo sobrenatural, aunque ambos planos se entrelazan con naturalidad.
Me ha gustado mucho que los finales no buscan ofrecer respuestas tranquilizadoras; suelen dejar al lector en un estado de suspensión, obligándolo a volver atrás, a releer, a preguntarse qué ha pasado realmente. Esa incomodidad final es una grandeza literaria que admiro y que disfruto mucho.
Lo que no se ve es una lectura ideal para quienes disfrutan de los relatos que se leen despacio y se digieren con tiempo. Es un libro para detenerse, subrayar y dejar que las historias sigan resonando después de cerrar el libro. Cristina Fernández Cubas nos recuerda que lo más inquietante no siempre es lo que irrumpe desde fuera, sino aquello que llevamos dentro y preferimos no mirar.
Os dejo un fragmento del relato Tú Joan, yo Bette
«Son ya viejas. Dos hermanas viejas que viven juntas. Se llevan pocos años y, en otros tiempos, una fue morena y la otra rubia, pero, a medida que las canas recubren su cabello, van borrándose las diferencias y se parecen cada vez más. A menudo la cabeza les juega alguna que otra mala pasada. Confusiones, equívocos, mezcla entre sueños y realidad... A una de ellas, por lo menos. Lo que no queda claro es a quién. Para Joan la culpable de todo siempre será Bette. Para Bet te, acostumbrada desde hace tiempo a su papel de maligna, es únicamente Joan, la mayor, quien está completamente demenciada. Un día se lo dice: «Necesitas ayuda». Una fórmula que conoce de las películas y que le cuesta lo suyo pronunciar. Hubiera preferido espetarle: «¡Chalada!», «¡Ida!», «¡Chiflada!». O encerrarla en su habitación y dejarla sin comer durante unos días. Pero termina acudiendo a esa fórmula tan correcta tal vez sólo para incidir en lo fundamen13tal: necesita ayuda. Y la ayuda es ella, Bette. Joan no está imposibilitada, como la Crawford de la cinta, pero se ha metido tanto en el personaje que le gusta desplazarse por el pasillo en silla de ruedas con cara de infelicidad. El pasillo está repleto de cuadros, daguerrotipos y espejos de marcos tallados. Igual a como lo dejaron sus padres; no han tocado nada. Pero Joan mira siempre hacia el frente. No le importan los cuadros, los daguerrotipos le dan miedo y le molesta mirarse en los espejos. Es duro aceptar los estragos que el tiempo imprime en la piel, pero hay algo peor. A ratos, el rostro que le devuelve el azogue se parece demasiado al de su hermana Bette. Hubo un día, incluso, en que se creyó Bette. Aunque de esto hace ya algún tiempo».
Libro imprescindible para amantes del relato corto y para lectores que buscan una literatura que no se conforma con contar, sino que invita a observar con atención y cierto temblor todo eso que, aunque no se vea, está ahí.
Cristina Fernández Cubas, Premio Nacional de las Letras Españolas 2023 por «la magia de su narrativa», nació en Arenys de Mar (Barcelona) en 1945. Doctora Honoris Causa por la Universidad de Alcalá, ha publicado, además de este, seis libros de relatos –Mi hermana Elba, Los altillos de Brumal, El ángulo del horror, Con Agatha en Estambul, Parientes pobres del diablo y La habitación de Nona–, dos novelas –El año de Gracia y El columpio–, una obra de teatro –Hermanas de sangre– y un originalísimo libro de memorias narradas, Cosas que ya no existen. Su obra está traducida a diez idiomas. Todos los cuentos mereció el Premio Ciutat de Barcelona, el Premio Salambó, el Premio Cálamo, el Premio Qwerty y el Premio Tormenta 2008. Con el pseudónimo de Fernanda Kubbs ha publicado La puerta entreabierta. Tras la consagración de Mi hermana Elba como lectura obligatoria en los programas oficiales de bachillerato, La habitación de Nona se alzó con el Premio de la Crítica y el Nacional de Narrativa 2016, así como el Dulce Chacón o el Mandarache y fue libro del año según varios diarios. Con Lo que no se ve, un conjunto de relatos que volverá a asombrar al lector, regresa la mejor escritora de cuentos española.
¡Feliz lectura y hasta la próxima reseña!
¿Habéis leído este libro? ¿Tenéis ganas de leerlo? ¿Qué os ha parecido?
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