Un hijo de Nacho La Casa es una historia sobre la diferencia, la sensibilidad y la mirada de los demás.
Basada en la novela de Alejadro Palomas (leída y reseñada en mi blog) la película nos invita a mirar la infancia con empatía, ternura y verdad.
Una historia que a mi me hablo bajito para conseguir emocionarme y convertirse en una gran historia de sensibilidad.
Mañana, 15 de mayo, en cines.
Os cuento más sobre el libro y la película.
María, una psicóloga escolar sin experiencia, intuye que, tras la aparente felicidad de un niño de 8 años recién llegado al cole, se esconde un secreto de imprevisibles consecuencias. Para averiguarlo deberá descifrar lo que la mente de Guille traduce en dibujos y, además, vencer la intransigencia de su padre.
Protagonizada por Macarena García e Ian Cortegoso, la historia gira alrededor de un niño diferente, sensible y profundamente especial, cuya manera de entender el mundo no siempre encaja con las expectativas de los adultos que le rodean. Y ahí reside precisamente el encanto de la película: en esa dificultad que tiene la sociedad para aceptar lo que se sale de la norma.
Un hijo es una narración íntima y delicada donde los silencios, las miradas y los pequeños gestos tienen más fuerza que los grandes discursos. Nos habla de maternidad, de protección y también de miedo: el miedo de los padres a no saber cómo ayudar a un hijo que vive las emociones de una forma distinta.
Tanto en el libro como la película se retrata la infancia con honestidad. El personaje del niño posee una humanidad tan luminosa que desarma al lector y espectador. El niño consigue transmitir fragilidad y fuerza al mismo tiempo.
La película también reflexiona sobre algo muy actual e importante: la presión por encajar. Nos vemos continuamente a seguir ciertos patrones de comportamiento, Un hijo reivindica la sensibilidad como una forma legítima, y necesaria, para habitar este mundo. Nos recuerda que muchas veces etiquetamos demasiado rápido aquello que simplemente necesita comprensión.
Me he informado que visualmente la película ofrece una fotografía cálida y cercana. Todo pensado para acercarnos emocionalmente a los personajes: los espacios cotidianos, la luz suave y una puesta en escena sencilla que deja respirar a la historia. No necesita más porque su emoción nace de lo auténtico.
Además, quienes hayan leído la novela de Alejandro Palomas encontrarán en la película el mismo espíritu humano y delicado que caracteriza la obra del autor. Esa mezcla entre tristeza, ternura y esperanza que convierte sus historias en refugios emocionales para muchos lectores.
Un hijo no es únicamente una película sobre la infancia. Es una historia sobre la empatía. Sobre la importancia de escuchar. Sobre cómo a veces el amor consiste simplemente en aprender a mirar al otro sin intentar cambiarlo.
Ideal para quienes disfrutan del cine emocional, pausado y profundamente humano. Una película que se quedará dentro del espectador como una conversación íntima que continúa mucho después de terminar.
Podéis leer el libro antés o después de ver la película.
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¡Disfrutad muchísimo la serie y el libro!
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