Mal de amores es una serie de Catalina Aguilas Mastreta y Humberto Hinojosa de 7 episodios que yo no voy a dejar de ver. Se estrena en Netflix el 2 de septiembre de 2026.
Hay historias que antes de comenzar a ver despiertan mi curiosidad porque sé que detrás de ellas hay un buen libro que forma parte de la biblioteca de muchos de mis lectores.
Y este es el caso de Mal de amores, la novela de Ángeles Mastretta llega a la pequeña pantalla con un gran detalle: está escrita, dirigida y producida por Catalina Aguilar Mastreta, hija de la autora y escritora de la novela. Y por eso y por muchas cositas más creo que es una serie que hay que ver y saborear.
Una mujer que quiere decidir su propia vida.
ARGUMENTO
En plena Revolución Mexicana, Emilia Sauri desafía las convenciones sociales para cumplir su sueño de ejercer la medicina y encontrar el amor, su lugar y la libertad. Emilia, estará además entre dos hombres: Daniel Cuenca, un aventurero y revolucionario que forma parte de sus recuerdos de infancia, y Antonio Zavalza, un médico que apuesta por la paz en medio del contexto de guerra.
El argumento atrapa y más la protagonista: Emilia Sauri, una mujer que crece en el México de finales del siglo XIX y principios del XX, un país que está a punto de cambiar para siempre.
Pero mientras México vive su propia revolución, Emilia protagoniza otra mucho más íntima: la revolución de una mujer que quiere ser libre, estudiar medicina, ejercer su vocación y decidir cómo quiere vivir y a quién quiere amar.
Y aquí encontramos una de las grandes razones para acercarnos a esta historia.
Emilia no quiere conformarse.
No quiere que su vida venga escrita de antemano por las convenciones sociales de su época. Quiere estudiar, quiere conocer, quiere amar y, sobre todo, quiere ser dueña de sus decisiones. Una aspiración que podría parecer evidente hoy, pero que adquiere una dimensión completamente diferente cuando se sitúa en una sociedad en la que las posibilidades de las mujeres estaban enormemente limitadas.
Dos hombres, dos formas de entender el amor.
La vida sentimental de Emilia tampoco será sencilla.
La historia podría quedarse en el tradicional triángulo amoroso. Pero Mal de amores va mucho más allá.
La verdadera pregunta no parece ser simplemente con quién se quedará Emilia, sino qué precio está dispuesta a pagar por no renunciar a sí misma.
Porque a veces el verdadero conflicto no está en elegir entre dos personas, sino en elegir entre lo que los demás esperan de nosotros y lo que realmente queremos ser.
El amor como forma de libertad.
Uno de los aspectos que más me atraen de esta historia es precisamente esa relación entre amor y libertad.
Emilia no es una protagonista cuyo único objetivo sea encontrar al hombre adecuado. Tiene inquietudes, ambiciones y deseos propios.
Y eso hace que una novela publicada hace décadas siga resultando sorprendentemente actual.
Creo que aunque la historia esté ambientada en el México revolucionario, las preguntas que plantea siguen estando muy presentes: ¿podemos amar sin perdernos? ¿Es posible construir una vida propia sin renunciar a nuestros deseos? ¿Hasta dónde estamos dispuestos a luchar por nuestra libertad?
Son preguntas que no pertenecen a una época concreta.
Una revolución dentro y fuera de Emilia.
La Revolución Mexicana no es simplemente el escenario decorativo de la serie.
Forma parte de la historia y acompaña el crecimiento de Emilia. Mientras un país se transforma entre conflictos, ideales, violencia y esperanza, también lo hace nuestra protagonista.
Son, en realidad, dos revoluciones paralelas: la de un país que intenta cambiar su destino y la de una mujer que se niega a aceptar el destino que otros han elegido para ella.
Y esa combinación de historia, romance, personajes y lucha por la libertad es uno de los ingredientes que pueden convertir a Mal de amores en una serie especialmente atractiva para quienes disfrutamos de las historias de época.
Hay otro motivo por el que esta adaptación me parece especialmente interesante: la adaptación está en manos de Catalina Aguilar Mastretta, hija de Ángeles Mastretta. Para mi añade una dimensión emocional difícil de ignorar.
Catalina ha tenido que transformar en imágenes un universo literario que pertenece a su madre, pero también a varias generaciones de lectores. Y convertir una novela tan querida en una serie supone enfrentarse inevitablemente a las expectativas de quienes ya habían imaginado a Emilia, Daniel, Antonio y la familia Sauri en su propia cabeza.
Precisamente por eso resulta interesante comprobar cómo ha conseguido trasladar ese mundo a la pantalla. Saborear la recreación de los espacios, el vestuario y la atmósfera del México de principios del siglo XX.
¿Por qué creo que no hay que dejar de ver Mal de amores?
Por tener ingredientes que hacen que una serie sea algo más que una simple historia de amor. Y son:
Una protagonista fuerte y compleja.
Un triángulo sentimental que promete emociones.
Una historia de época cuidadosamente recreada.
La Revolución Mexicana como telón de fondo.
Tener una novela de Ángeles Mastretta que lleva décadas conquistando lectores.
Y añado la mirada de la hija de la escritora intentando llevar a la pantalla un universo que nació de la imaginación de su madre.
Pero, lo mejor, una historia sobre la libertad de elegir nuestra propia vida.
Si no habéis leído Mal de amores, esta serie puede ser una estupenda oportunidad para descubrir la historia de Emilia Sauri y, quién sabe, quizá también para acercarse después al libro.
Y si ya habéis leído la novela, debéis comprobar qué personajes, escenarios y emociones que imaginamos durante la lectura adquieren ahora un rostro, una voz y una imagen.
Porque esa es una de las grandes magias de las adaptaciones literarias: pueden devolvernos a un libro que creíamos conocer y hacernos mirarlo con otros ojos.
Hay libros que se leen.
Hay series que se ven.
Y siempre hay historias que, de una forma u otra, se quedan dentro de nosotros.
¡Disfrutad muchísimo la serie y el libro!
Carmen en su tinta
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