Todos al hablar tenemos nuestras pequeñas manías y no siempre somos conscientes de ellas. Esas determinadas expresiones que repetimos muchas veces se cuelan en nuestros escritos. Abusamos de ciertas palabras o recurrimos una y otra vez a los mismos verbos porque nos es más cómodo.
Estas expresiones son las muletillas y las palabras comodín.
MULETILLA: Voz o frase que alguien repite mucho por hábito.
PALABRA COMODÍN: Aquella que tiene un significado amplio pero que se usa en lugar de otra más precisa.
Atención: No cometemos un pecado literario utilizando en nuestros escritos muletillas y palabras comodín. No tenemos que eliminarlas como si fueran una plaga, debemos intentar no utilizarlas demasiado para que el texto no pierda fuerza, precisión y personalidad.
Y la buena noticia es que es muy fácil detectarlas. Más de lo que parece.
Os cuento...
¿Qué son las muletillas?
En la introducción os he dejado una de las definiciones de la RAE (voz o frase que alguien repite mucho por hábito).
Son palabras o expresiones que repetimos de manera automática, a veces sin darnos cuenta, para ganar tiempo mientras pensamos o simplemente porque se han convertido en una constumbre.
Al hablar podemos decir continuamente:
- «Bueno…»
- «En plan…»
- «O sea…»
- «La verdad es que…»
- «¿Sabes?»
- «En realidad...»
- «Digamos que…»
En una conversación espontánea son perfectamente normales. El problema aparece cuando trasladamos ese mismo hábito a un texto y llenamos nuestros párrafos de expresiones innecesarias.
Por ejemplo:
«La verdad es que, bueno, la protagonista, en realidad, no sabía muy bien qué hacer.»
Podríamos escribir simplemente:
«La protagonista no sabía qué hacer.»
La segunda frase dice prácticamente lo mismo, pero resulta mucho más directa.
¿Y qué son las palabras comodín?
Son palabras tan generales que pueden utilizarse para casi cualquier situación, pero precisamente por eso aportan poca información.
Algunos ejemplos muy habituales son cosa, tema, hacer, poner, tener, dar, decir, bonito, bueno, interesante…
No significa que debamos eliminarlas completamente. Todas pueden ser necesarias en determinados contextos. El problema está en utilizarlas cuando existe otra palabra más precisa.
No es lo mismo escribir:
«Hizo una novela sobre la guerra.»
que:
«Escribió una novela sobre la guerra.»
Tampoco es igual:
«Puso una sonrisa.»
que:
«Esbozó una sonrisa.»
La segunda opción nos ofrece una imagen mucho más concreta en los dos ejemplos al utilizar los verbos precisos: escribir y esbozar.
El truco está en preguntarnos: ¿puedo decirlo mejor?
Cuando revisemos un texto, podemos buscar esas palabras que utilizamos constantemente y preguntarnos si realmente son necesarias.
Por ejemplo:
A veces un solo verbo preciso puede sustituir a varias palabras.
Cuidado con «cosa», es una de las grandes palabras comodín.
«Cosa» es probablemente una de esas palabras que aparecen en nuestros textos con más facilidad de la que nos gustaría reconocer ya que la utilizamos muchísimo en nuestro lenguaje coloquial.
Ejemplo:
«Me contó una cosa muy interesante.»
Os aconsejo que os preguntéis: ¿Qué cosa? Y si podemos concretarlo con otra palabra, nuestro texto ganará inmediatamente.
«Me contó una historia familiar que desconocía.»
Mucho mejor.
Lo mismo sucede con «tema»:
«El tema de la soledad es importante en la novela.»
Podemos escribir:
«La soledad es uno de los temas centrales de la novela.»
Más limpio y más contundente.
A mi «tema» me aparece en casi todos mis escritos e intento corregirme al ser consciente que utilizo mucho esta palabra comodín.
¿Cómo podemos detectar nuestras muletillas?
Aquí va un pequeño ejercicio para escritores:
Lee tu texto en voz alta.
Cuando una palabra o expresión aparece repetidamente, probablemente tu oído se encargará de descubrirla antes que tus ojos.
Otra opción es dejar reposar el texto unas horas o incluso un día y volver a leerlo después. Al regresar con cierta distancia resulta más fácil detectar repeticiones.
También podemos hacer una búsqueda concreta en el documento. Si hemos utilizado diez veces «realmente», por ejemplo, quizá algunas de esas apariciones puedan desaparecer o sustituirse.
No se trata de escribir complicado
Eliminar palabras comodín no significa llenar nuestros textos de palabras rebuscadas para demostrar cuánto vocabulario tenemos.
Todo lo contrario.
Escribir bien también consiste en elegir la palabra más sencilla y precisa para expresar exactamente lo que queremos decir. Siempre os digo que hay que escribir para que el lector lo entienda todo, sin presuponer que conoco algo de lo que queremos comunicar.
Un texto claro no necesita adornarse continuamente. Necesita que cada palabra tenga un motivo para estar allí.
Y aquí va un último consejo de Carmen: cuando termines un texto, busca esas palabras que has utilizado casi sin pensar. Algunas desaparecerán sin que nadie las eche de menos.
Porque, en escritura, menos palabras no siempre significa menos contenido. A veces significa más claridad, más ritmo y mucha más personalidad.
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ESCRIBIR BIEN con artículos que os pueden ayudar en vuestro proceso de escritura.
¡FELICES ESCRITURAS!
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