Tres adioses y el arte de despedirse según Isabel Coixet.
Tres adioses, la última propuesta cinematográfica de Isabel Coixet, pertenece a ese cine delicado y punzante que se instala en el cuerpo del espectador y no se marcha fácilmente. Rodada en Roma y basada en el libro Tre ciotole de Michela Murgia, la película es un drama íntimo que convierte la despedida en un acto cotidiano, casi doméstico, pero cargado de una hondura emocional difícil de esquivar. Por eso, su visionado no es solo recomendable: es, sencillamente, obligado.
OS CUENTO MÁS... todo lo que he averiguado para que estéis informados antes de su estreno: 6 de febrero de 2026.
ARGUMENTO
Tras lo que parecía una discusión sin importancia, Marta (Alba Rohrwacher) y Antonio (Elio Germano) se separan. Él, un chef prometedor, se refugia en sus fogones; ella, en su silencio, empieza a notar algo más que tristeza: ha perdido el apetito… y no solo por desamor. Cuando descubre que detrás hay un problema de salud, todo da un giro inesperado: la comida sabe mejor, la música le llega como nunca y el deseo despierta sus ganas de vivir sin miedo.
Coixet vuelve con temas como: el del dolor contenido, el silencio que dice más que los diálogos y la observación minuciosa de los pequeños gestos. Ver Tres adioses es la manera de acompañar a sus personajes mientras aprenden a decir adiós a distintas versiones de sí mismos, a los otros y a la vida tal como la conocían.
La historia se centra en torno a una mujer que afronta una enfermedad grave y, con ella, una serie de despedidas inevitables. Hay platos que se enfrían, paseos por Roma, conversaciones a medias y silencios largos. Cada adiós es distinto, cada pérdida deja un hueco diferente, pero todas forman parte de un mismo aprendizaje.
Roma no es aquí un simple decorado. La ciudad funciona como un organismo vivo que observa, acompaña y, en ocasiones, contradice el estado interior de la protagonista. Sus calles luminosas, sus plazas llenas de vida y su belleza casi abrumadora contrastan con la fragilidad del cuerpo enfermo y con la conciencia constante del final. Coixet filma la ciudad con respeto y distancia, como si supiera que la vida sigue, incluso cuando para alguien todo está a punto de detenerse.
Tres adioses y su bello ritmo. La película avanza despacio, sin miedo al vacío ni al silencio, algo cada vez más necesario en el cine contemporáneo. De este modo invita al espectador a mirar hacia dentro, a reconocer sus propias pérdidas y a recordar que despedirse también es una forma de amar. No hay moraleja explícita, pero sí una pregunta latente: ¿sabemos decir adiós cuando llega el momento?
La interpretación protagonista sostiene la película con una contención admirable. No hay excesos ni lágrimas forzadas; hay cansancio, lucidez, ironía ocasional y una dignidad serena que conmueve sin necesidad de subrayados.
Basada en el texto del libro de Michela Murgia: Tre ciotole, la película conserva el espíritu del libro: esa reflexión íntima sobre el cuerpo, la enfermedad y la manera en que lo cotidiano se transforma cuando el tiempo se vuelve limitado. Tres adioses no romantiza el dolor, pero tampoco lo esquiva. Lo mira de frente, con una sensibilidad que evita el sentimentalismo y apuesta por la verdad emocional.
Tres adioses es una invitación a detenerse. A mirar con atención. A aceptar que despedirse forma parte de vivir. Y quizá por eso, porque nos habla de algo que todos compartimos aunque preferimos no pensar, esta película de Isabel Coixet se convierte en un visionado imprescindible para quienes se atreven a sentir.
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Se enamoran de una figura de cartón o de un soldado en miniatura, odian a los niños aunque los lleven en el vientre, abandonan a una mujer pero permanecen prisioneros de ella, vomitan amor y rabia, se autolesionan, traicionan, enferman. Estos son algunos de los personajes que conforman este sobrecogedor libro de Michela Murgia, hecho de historias que se funden las unas en las otras, en las que todos los protagonistas están marcados por algún cambio que los obliga a encontrar formas inéditas de supervivencia emocional. A veces por un duelo, una lesión, un despido, una enfermedad, la pérdida de una certeza o de un amor, pero siempre a causa de un cambio en el horizonte que no deja escapatoria y que pulveriza certezas y esperanzas. Murgia, en estado de gracia, escribió y legó con Tres cuencos –a la postre su último libro– una obra originalísima que remite a otros grandes títulos de la literatura contemporánea, como El Crack-Up, de F. Scott Fitzgerald, o El año del pensamiento mágico, de Joan Didion.
¡Disfrutad muchísimo la película y el libro!
Carmen en su tinta
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