El ritmo es uno de los elementos más invisibles y, a la vez, más decisivos de un texto. No se ve, no se subraya, no suele enseñarse en manuales básicos, pero se siente. Es eso que hace que sigamos leyendo sin darnos cuenta del paso de las páginas o que, por el contrario, nos canse, nos expulse de la historia y nos haga abandonar la lectura de un libro, un artículo o un simple post.
Escribir bien no consiste solo en elegir las palabras adecuadas, también en saber a qué velocidad debe avanzar el texto. Igual que en la música o en el cine, no todo puede ir rápido ni todo puede ser lento. El secreto está en alternar, en escuchar lo que el texto pide y en guiar al lector sin que lo note.
¿Qué es el ritmo en la escritura?
El ritmo es la combinación de varios factores: la longitud de las frases, la estructura de los párrafos, el uso de la puntuación, la repetición o variación sintáctica y la cantidad de información que se ofrece en cada momento. No depende solo de qué se cuenta, sino de cómo y cuándo se cuenta.
Un texto con buen ritmo fluye. Uno con mal ritmo se atasca o se precipita. En este artículo señalo unas pautas que yo considero fundamentales para escribir a buen ritmo; deseo que os ayuden en vuestro ritmo de escritura.
Cuándo conviene acelerar
Acelerar el ritmo significa hacer que el texto avance con rapidez, que el lector sienta movimiento, urgencia o ligereza. Esto se consigue con:
Frases cortas o medias
Verbos en lugar de explicaciones
Menos subordinadas
Párrafos breves
Enumeraciones dinámicas
Conviene acelerar cuando:
Cuándo conviene frenar
Frenar el ritmo no es aburrir, es dar espacio. Permitir que el lector respire, piense, asimile. Se frena con:
Frases más largas y elaboradas
Pausas bien colocadas
Párrafos más extensos
Detalles y matices
Reflexión
Conviene frenar cuando:
El peligro de un solo ritmo
Uno de los errores más frecuentes al escribir es mantener siempre el mismo ritmo. Textos que avanzan a trompicones o textos planos, sin variación, donde todo pesa lo mismo.
El buen ritmo nace de la alternancia consciente: acelerar para enganchar, frenar para profundizar.
La puntuación: el metrónomo del texto
Los signos de puntuación marcan el ritmo más de lo que creemos. El punto detiene. La coma acompaña. El punto y coma sostiene. Los dos puntos anuncian.
Revisar un texto solo desde la puntuación es un ejercicio revelador: ahí se ve si el ritmo funciona.
Leer en voz alta: la prueba definitiva
No hay mejor forma de comprobar el ritmo que leer el texto en voz alta. Donde falte aire, sobra frase. Donde sobre aire, quizá falte contenido. El oído detecta lo que el ojo pasa por alto.
Escribir es dirigir al lector
El ritmo es una forma de respeto. Escribir bien no es lucirse, es acompañar. Saber cuándo empujar y cuándo dejar caminar. Cuándo acelerar para no perderlo y cuándo frenar para que no se quede atrás.
Dominar el ritmo no es una cuestión técnica únicamente; es una forma de escuchar al texto, al lector y a uno mismo. Porque escribir es aprender a medir el tiempo de las palabras.
Recordad que en mi blog existe una seccíón: ESCRIBIR BIEN con artículos que os pueden ayudar en vuestro proceso de escritura.
¡FELICES ESCRITURAS!
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