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Calor Creativo

Una historia de Laura y Sofía en la agencia creativa & Ca.

Laura miró el termómetro pegado al cristal del escaparate de Creativa & Ca. y suspiró. 42 grados. En el interior, el aire acondicionado parecía resistirse a funcionar, lanzando soplidos tímidos que apenas aliviaban el bochorno.

—Te juro que si hoy entra un cliente, le regalo un abanico y un helado —dijo, secándose el sudor de la cara.



Sofía estaba agarrando su pelo, colgando unas nuevas imágenes realizadas con recortes de revistas viejas, que impactarían en su nueva campaña de reciclaje. Tenía el rostro rojo y el cabello pegado a la frente.

—¿Y si hacemos un taller de escritura sobre el calor? —propuso, a Laura—. Podría llamarse «Escribe con sudor», o algo igual de ridículo.

Laura soltó una carcajada, agradecida por el humor de su amiga. Últimamente, el verano estaba poniendo a prueba no solo su paciencia, sino también su creatividad. Parecía que la inspiración se derretía con el mismo ritmo que ellas.

—No suena tan mal —respondió Laura, mientras se acercaba a observar las imágenes de Sofía—. De hecho, podría ser divertido. Que cada participante escriba cómo vive el calor, qué recuerdos le trae… O invente una historia absurda, como un detective que odia el sol. Y todos nos reunimos en la piscina municipal del barrio, fresquitos y con un helado. 

Sofía asintió, entusiasmada.

—Podríamos también reunirnos en mi casa y ofrecer limonada bien fría y cervecitas, y ambientarlo con ventiladores por todas partes. ¡Que parezca un oasis literario! 

Laura empezó a anotar en su libreta. Aunque el calor les robaba las ganas de casi todo, cada vez que surgía una idea, su cara se iluminaba con una chispa distinta.

Sus grandes campañas en Creativa & Ca. habían nacido precisamente así, cuando estaban más al límite creativo, por asuntos personales o profesionales. Ambas sabían que necesitaban un refugio creativo distinto y divertido para continuar con sus proyectos artísticos. Ahora intuían que era mucho más que un taller de escritura sobre calor creativo: era un punto de encuentro para soñadores, escritores y curiosos; y necesitaban con urgencia esas chispitas de purpurina en sus vidas.

—¿Recuerdas el primer verano que abrimos? —preguntó Laura, con una sonrisa nostálgica.

—¿Cómo olvidarlo? Se nos fue la luz durante un taller de collage creado por nosotras ese agosto abrasador. Todos acabamos sentados en el suelo, iluminados por velas, contando historias. Fue mágico.

—Y caluroso —añadió Laura, riendo—. Como ahora. Aunque creo que este verano lo supera.

Sofía cerro el ordenador y se dejó caer sobre un puf amarillo. Sacó un abanico de lunares de su bolso y empezó a moverlo con teatralidad.

—El calor tiene algo de hipnótico, ¿no crees? Te obliga a moverte lento, a detenerte. Quizá por eso nacen tantas historias en verano. El cuerpo está flojo, pero la mente divaga y la pasión se dispara.

Laura se sentó frente a ella, apuntando más ideas para el taller. De pronto se quedó en silencio, observando cómo la luz entraba a través del cristal, bañando los papeles de colores, los bolígrafos, los hilos y las acuarelas que llenaban cada estante. Incluso el calor tenía su belleza: un resplandor dorado, casi líquido, que hacía brillar todo con un filtro nostálgico.

—¿Sabes qué? —dijo finalmente—. Vamos a hacer ese taller. Lo llamaremos «Calor Creativo» y te aseguro que será tan pasional como nosotras queramos. Que la gente venga con ropa cómoda y sexy, que escriba, que pinte, que sude… ¡pero que se lleve una historia entre las manos, vivida o imaginada!

Sofía le lanzó el abanico con gesto triunfal.

—Eso es, Laura eres la jefa del taller Calor Creativo. ¡Que viva el calor, la pasión y la imaginación!

Afuera, alguien se acercó a mirar por la ventana. Quizá un futuro participante. Quizá solo un paseante que buscaba sombra. Laura pensó que no importaba. Creativa & Co. estaba allí para abrir puertas, incluso en los días más sofocantes.




Mientras Sofía se levantaba para preparar una jarra de limonada con un poquito de ron, Laura se quedó contemplando el letrero de la agencia. Sintió un cosquilleo en el estómago, mezcla de nervios y emoción. El verano podía ser abrasador, pero nada como la calidez pasional de las historias compartidas para hacerle frente.

Y así, entre abanicos, sudor y palabras, Laura y Sofía confirmaron una vez más que la creatividad no entiende de termómetros. Solo necesita un pequeño empujón —o un taller inesperado— para prender fuego.



Carmen en su tinta – blog cultural
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Podéis leer más relatos de Laura y Sofía haciendo clic aquí.

Comentarios

  1. Nada como acomodarse a las circunstancias, Carmen. Muy logrado este capítulo que sigue enganchando con esa escritura ágil.
    Un fuerte abrazo :-)

    ResponderEliminar
  2. Qué delicia leer esta historia, Carmen. Laura y Sofía transmiten una energía contagiosa, incluso en medio del bochorno. Me encantó cómo el calor se convierte en chispa creativa, en excusa para reunirse, imaginar y compartir. Ese taller “Calor Creativo” suena como un oasis literario en pleno verano. ¡Gracias por recordarnos que la inspiración también suda! Acá también sudando mucho en Puerto La Cruz, Venezuela. Abrazos virtuales

    ResponderEliminar

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